domingo, 24 de octubre de 2010

De Re Conditio (II)

Al nuevo sistema capitalista se le enquista una nueva condición, ahora que arranca el vigésimo primer milenio de nuestra Era, y le es a ella lo que la aparición de la clase social burguesa lo fue en su día para el declive de la Edad Media, o la Revolución Francesa para el Antiguo Régimen, es decir, una cabeza de puente para el cambio de sistema. Puede pues suponer un cambio. Esa nueva condición, hasta entonces inédita en la Historia, y que hoy aún se representaría no menos como “ocasión” que como “condición”, es lo que se conoce como fenómeno global o “globalización”.
Estamos ante un momento de intrahistoria de manual. Esa genial ocasión para el cambio. La eclosión del  movimiento global lo padecemos hoy día como en su día padecieron las glaciaciones, pestes e industrializaciones nuestros ancestros, y aunque se trate de fenomismos “ad conditio”, y por esta circunstancias con incursiones prolongadas en el tiempo, sus consecuencias son igual de abruptas que las revoluciones sociales, políticas o económicas repentinas; la dispersión por el seno de las sociedades o civilizaciones de estos “fenómenos de la Historia” son de parangón con la tempestad que se inicia en el Atlántico medio y la gravedad y las corrientes oceánicas pueden convertirlas en huracanes o en solo profundas borrascas. El fenómeno de la globalización pues, hoy incipiente, puede suponer una fuerza social de profunda destrucción, o tan solo una tempestad incómoda.
A la globalización como tal se podría atender como el fenómeno social propio de la revolución de las tecnologías y las comunicaciones, el acceso libre a la libre información, la llave del progreso al alcance de cualesquier genio o charlatán, el limite cuando tiende a mas infinito (o a menos), la libertad, el libertinaje, así como la insumisión y el control del individuo. Múltiples variables para millones de  multiplicidades. Es la sucesión de su estirpe, la que nació del Estado de Bienestar europeo y el “New Deal Reloud” norteamericano tras la guerra fría. No se le podría considerar un fenómeno social puro y fácilmente acotable, costaría mucho esfuerzo encargar su estudio a la demografía e incluso sociología actuales, escleróticas disciplinas para semejante y novedosa “condición”; las prácticas etnólogas podría sobrellevar con cierto honor su entendimiento, mas pecarían de atemporalidad al tratar de buscar en el pretérito respuestas a un fenómeno social tamaño, como el de la globalización, sin antecedentes pasados en los tiempos. Vivimos momentos únicos donde podemos hacer único cada momento. La eclosión tecnológica y de comunicación avanza a ritmos exponenciales, y así como podemos atrevernos a meditar e incluso domar a la materia oscura atómica y jugar a ser Dios fusión con el Superacelerador, o hacer la compra on-line, también es cierto que hace años que un satélite puede ser capaz de identificar el número de tu carnet de identidad, dispuesto éste hacia los cielos, ejercer la pedofilia el enfermo mental, o el esposo puede enviarle a su amante en Filipinas cinco minutos después darle el “sí quiero” a su mujer una foto de los recientes matrimoniados. Estamos ante un hecho histórico de potencial de alto grado, tanto para lo que entendemos como el Bien, y lo que entendemos para el Mal.
Si recurrimos a la “democratización” en el seno del sistema capitalista, al fenómeno global podriamos culparlo de esa circunstancia. En estos tiempos, cualquier individuo o pequeño colectivo puede teóricamente prosperar si ejerce de emprendedor o visionario -sin menoscabo de la capacidad de labor de cada uno-, y el propio puede tenerse como activo importante y a veces único del triunfo en el negocio (el fundador de la red social Factbook es un paradigma de dicho perfil) o del fracaso, el más necio de todos ser un ídolo, y una pequeña mina chilena convertirse en el centro del mundo por unos días. Así pues, mientras que en la anterior etapa dentro del modo de producción capitalista –s XX (excluyendo periodos bélicos): Depresión, Entreguerras, y Sociedad de Consumo (fins II Guerra Mundial y Guerra Fría)- el reparto de garantías se ejercía e incluso se mantenía (si solo si) gracias al desequilibrio de los protagonismos activos-pasivos (patrón Vs proletario, o el “produce y consume” último, que en cierto modo es una variante laxa de la esclavitud), en la globalización existe en cambio un mayor equilibrio de actores. La distinción Clase Alta-Media-Baja ya no impide acceder a los bienes de consumo en su mayoría, al alcance de todos y cada uno, y en tanto uno puede compartir lo suyo (como yo ahora hago al escribir y colgar estas lineas), como también quitárselo al otro, convertirse en heroico mortal o en villano, volar al país de los bárbaros sin tener que presentar el pasaporte en cada aldea, o acceder a la mas reservada información con la astucia del “hacker”.

lunes, 18 de octubre de 2010

‎- A CUANTO ESTA EL KILO DE TERNURA, POR FAVOR???
- A 3 EL CUARTO..
- PA 2 ME LLEGAN?
- PA UNO SOBRA, HAGAME CASO.

domingo, 17 de octubre de 2010

De Re conditio (I)




La cara opuesta al descafeinado movimiento sindical, el cual padece de esclerosis teórica y práctica, no ya a nivel estatal, sino así mismo a nivel mundial, lo representa el actual sistema de producción neocapitalista. Mientras aquel no parece hallar su lugar en el actual escenario político, social, y económico, éste parece campar a sus anchas haciendo ejercicio de grosería puntual y cíclica que deja entrever las múltiples vías de agua que posee y que cada X años deja con el agua al cuello a todos cuantos por imperativo determinista nos vemos abocados a vivir al arbitrio de sus “leyes” y mercados.
No solo el Capitalismo ha dado muestras de sobra de contener en él la práctica de la depredación despiadada, la avaricia y usura, la incontinencia, la falta de mecánica argumentada sólidamente, sino que al albor de la última crisis escupida no solo huele aún a azufre y detrito, más aún, los gobiernos estatales (en acto de profesión de fé –y de ingenuidad, de paso-), autoridades económicas, y mercados nacionales y pannacionales se han replegado a los nuevos trucos de magia de la perfidia financiera. Los que rigen se han prostituido amparándose en la salvaguarda de políticas sociales inconjugables dentro del sistema de producción del s. XXI que amanece, y en consecuencia han alimentado el apetito monstruoso de quienes se lo han zampado todo y nos han arrastrado a la situación precaria que actualmente sufrimos.
Pero antes, valoremos algunos conceptos.
Desde la noche de los tiempos, el negocio acompaña a cualquier ser vivo que se precie sobre la faz de la Tierra. La subsistencia sostiene el progreso, y éste a su vez mejora aquella; de cualquier actividad vital se puede intuir que el rendimiento de la misma depende de su buen negociado y del éxito de su conclusión, desde el acopio de alimento hasta la salvaguarda de la misma de la depredación. El mismo condicionante natural de la reproducción siempre buscó garantizar la perpetuación, por eso el lograr germinar en tierras y nutrientes, una hembra fértil o la protección de un macho se ha convertido en el ejercicio puro del negocio, la búsqueda de la ganancia y la subsistencia. Todo está bajo la supervisión y la buena gestión, es por ello que la asociación (colectiva, en simbiosis e incluso parasitismo) se reveló como el negocio mas adecuado. En el ser humano, las sociedades iniciales y diversos modos de agrupamientos se forjaron con el fin de garantizar la supervivencia y progreso, derivando en civilizaciones hasta los tiempos actuales; de igual modo, el negocio vital ha progresado a idéntico ritmo que lo hacían las mejoras en la subsistencia forjando tipos de negocio acordes a cada civilización, era histórica, o determinación geográfica.  
 Todo negocio requiere la asunción de sus normas; el fin último es ganar (alimento y sustento, o dinero), pero en ocasiones se pierde (la vida, el coche, o la vivienda habitual). Muchos expertos economistas han aplaudido el sistema de producción capitalista como el más adecuado para el progreso de la Humanidad y como el eslabón último –aunque considero que no definitivo- logrado tras milenios de progreso y avances. Ciertamente, este sistema de producción iniciado hace ya casi quinientos años fundamentó su justificación en lo rendible de su ejercicio, tanto a nivel personal como colectivo y/o social, reservando un estado de bienestar para todo aquel que participase activamente en el “negocio”, ora desde puestos de responsabilidad y dominio, ora desde roles de fuerza de trabajo, proletariado o ejercicios liberales. Toda Superestructura se supeditó a la Infraestructura, e incluso los modelos políticos (aunque juegos con normas mas edulcorantes que las del negocio) adaptaron sus normas a las del “negocio”. Asumiendo pues tesis del materialismo histórico:

·        Modo de producción Condicionado o Negocio condicionado: por el ciclo natural. A este periodo se le asignan fundamentos de orden humano-animal. Durante su predominio, la gestión eficaz del alimento, nutrición, reproducción, defensa y territorio se valoró en función del acopio de todos ellos para una garantía no solo de vida sino también de continuidad. En ocasiones la propia selección natural era el negocio más puro (actualmente aun continua dicha selección, tema recurrente pero trasladable a otros párrafos), en el cual ganaban consecución los mas fuertes o los de negocio mas exitoso (el dejar de ser anfibio para convertirse en reptil, el mimetismo de algunos insectos como arma defensiva, o el optar por emplear el cerebro como herramienta de subsistencia determinó el rédito del negocio de los primeros seres terrenales, los primeros insectos, o los incipientes primates). El débil tiende a la extinción porque no sabe adaptarse, tal vez ni arriesgarse. No sabe “negociar”. La condición natural, definida por lo innato en ocasiones, determina pues este ciclo, un ciclo que podemos dar como concluido cuando la organización social se establece como el medio de progreso, donde el trueque da paso al excedente, y cuando el sedentarismo junto con la agricultura y la ganadería marcan el inicio de las sociedades humanas.
·        Modo de producción Clasista o Negocio clasista. Regido por una o mas clases sociales o estamentos. Desde las teocracias primitivas, pasando por los modos de gobierno clásicos, imperiales, medievales… Durante este periodo el control directo de la excedencia, el negociado del rendimiento de los posibles, la capitanía y propiedad de la producción, mercado y gestión final, recayó directamente sobre un determinado o determinados estamentos sociales, casi siempre vinculados a las élites políticas y terratenientes, las cuales no participaban activamente en las actividades productivas sino únicamente como gestores, en la mayoría de las circunstancias por ser los señores  de los medios de producción –que no los propietarios, puesto que la propiedad es un concepto posterior, mientras que “señor” asigna una propiedad más por providencia que por adquisición-. El estamento inferior participa de modo activo en el “negocio” aunque no en el disfrute del rédito que del mismo se obtiene. El esclavismo, el feudalismo, e incluso las primeras experiencias capitalistas son un claro ejemplo de estas prácticas de negociado.
·        Modo de producción Capitalista o Negocio capitalista: democratiza la economía al poner al alcance de cualquiera la posibilidad de progreso, con las ventajas y desventajas que ello conlleva. Dentro de este modo de producción cabría distinguir de varias etapas:
§         Negocio Industrial: en éste cabe incluir los diferentes estadios que progresivamente alcanzó la gran revolución industrial iniciada en el Reino Unido hacia el siglo XVIII (algunos historiadores adelantan dicho inicio a los siglos XVI-XVII). Desde sus arranques, cuando los excedentes agrarios alimentaron las posibilidades de manufacturas, y éstas los primeros talleres telares, y éstos las primeras maquinas..., hasta la era del combustible mineral, prefacio de la revolución de los transportes, etc.
§         Negocio Financiero: periodo en el que, una vez finalizado el trasvase poblacional campo-ciudad (revolución del carbón), la procura de materias primas (Época Imperialista, Gran Guerra), y la arrivada de la electricidad, motivados por la repentina revolución de la industria en sus ciclos, ésta debe buscar en el capital su progresión. Las entidades crediticias nutren la maquinaria industrial y se convierten en proto-administradores de la misma, forjando desde sus gurús la idea liberalista de que el negocio “no conoce de leyes”, aunque el laisse faire-laisser passer sea una de ellas.