Al nuevo sistema capitalista se le enquista una nueva condición, ahora que arranca el vigésimo primer milenio de nuestra Era, y le es a ella lo que la aparición de la clase social burguesa lo fue en su día para el declive de la Edad Media , o la Revolución Francesa para el Antiguo Régimen, es decir, una cabeza de puente para el cambio de sistema. Puede pues suponer un cambio. Esa nueva condición, hasta entonces inédita en la Historia , y que hoy aún se representaría no menos como “ocasión” que como “condición”, es lo que se conoce como fenómeno global o “globalización”.
Estamos ante un momento de intrahistoria de manual. Esa genial ocasión para el cambio. La eclosión del movimiento global lo padecemos hoy día como en su día padecieron las glaciaciones, pestes e industrializaciones nuestros ancestros, y aunque se trate de fenomismos “ad conditio”, y por esta circunstancias con incursiones prolongadas en el tiempo, sus consecuencias son igual de abruptas que las revoluciones sociales, políticas o económicas repentinas; la dispersión por el seno de las sociedades o civilizaciones de estos “fenómenos de la Historia ” son de parangón con la tempestad que se inicia en el Atlántico medio y la gravedad y las corrientes oceánicas pueden convertirlas en huracanes o en solo profundas borrascas. El fenómeno de la globalización pues, hoy incipiente, puede suponer una fuerza social de profunda destrucción, o tan solo una tempestad incómoda.
A la globalización como tal se podría atender como el fenómeno social propio de la revolución de las tecnologías y las comunicaciones, el acceso libre a la libre información, la llave del progreso al alcance de cualesquier genio o charlatán, el limite cuando tiende a mas infinito (o a menos), la libertad, el libertinaje, así como la insumisión y el control del individuo. Múltiples variables para millones de multiplicidades. Es la sucesión de su estirpe, la que nació del Estado de Bienestar europeo y el “New Deal Reloud” norteamericano tras la guerra fría. No se le podría considerar un fenómeno social puro y fácilmente acotable, costaría mucho esfuerzo encargar su estudio a la demografía e incluso sociología actuales, escleróticas disciplinas para semejante y novedosa “condición”; las prácticas etnólogas podría sobrellevar con cierto honor su entendimiento, mas pecarían de atemporalidad al tratar de buscar en el pretérito respuestas a un fenómeno social tamaño, como el de la globalización, sin antecedentes pasados en los tiempos. Vivimos momentos únicos donde podemos hacer único cada momento. La eclosión tecnológica y de comunicación avanza a ritmos exponenciales, y así como podemos atrevernos a meditar e incluso domar a la materia oscura atómica y jugar a ser Dios fusión con el Superacelerador, o hacer la compra on-line, también es cierto que hace años que un satélite puede ser capaz de identificar el número de tu carnet de identidad, dispuesto éste hacia los cielos, ejercer la pedofilia el enfermo mental, o el esposo puede enviarle a su amante en Filipinas cinco minutos después darle el “sí quiero” a su mujer una foto de los recientes matrimoniados. Estamos ante un hecho histórico de potencial de alto grado, tanto para lo que entendemos como el Bien, y lo que entendemos para el Mal.
Si recurrimos a la “democratización” en el seno del sistema capitalista, al fenómeno global podriamos culparlo de esa circunstancia. En estos tiempos, cualquier individuo o pequeño colectivo puede teóricamente prosperar si ejerce de emprendedor o visionario -sin menoscabo de la capacidad de labor de cada uno-, y el propio puede tenerse como activo importante y a veces único del triunfo en el negocio (el fundador de la red social Factbook es un paradigma de dicho perfil) o del fracaso, el más necio de todos ser un ídolo, y una pequeña mina chilena convertirse en el centro del mundo por unos días. Así pues, mientras que en la anterior etapa dentro del modo de producción capitalista –s XX (excluyendo periodos bélicos): Depresión, Entreguerras, y Sociedad de Consumo (fins II Guerra Mundial y Guerra Fría)- el reparto de garantías se ejercía e incluso se mantenía (si solo si) gracias al desequilibrio de los protagonismos activos-pasivos (patrón Vs proletario, o el “produce y consume” último, que en cierto modo es una variante laxa de la esclavitud), en la globalización existe en cambio un mayor equilibrio de actores. La distinción Clase Alta-Media-Baja ya no impide acceder a los bienes de consumo en su mayoría, al alcance de todos y cada uno, y en tanto uno puede compartir lo suyo (como yo ahora hago al escribir y colgar estas lineas), como también quitárselo al otro, convertirse en heroico mortal o en villano, volar al país de los bárbaros sin tener que presentar el pasaporte en cada aldea, o acceder a la mas reservada información con la astucia del “hacker”.