- Están aquí –continuaba yo-, con nosotros. Los instantes bellos que
acompañaron a dos seres que habían hipotecado sus actos voluntarios a los
involuntarios, dueños estos de la razón y de nuestra naturaleza, están aquí. Me
sentí rey, sentí estar almorzando con la diosa Fortuna en ti reencarnada. Bello
también aparentó sernos el mundo y sus horas; remedio que acabo en enfermedad,
profetas entre ambos, intentábamos competir, nuestros deseos asediaban a los
del otro con el más efectivo de los ejércitos: el de las palabras. Sonaba el
“Aria” de la “Suite nº 3”
de Bach, alguien era cómplice de nuestra escapada extramundana...
- Eso fue bello. –continuaban mis recuerdos reavivando cenizas- Eso
era la Belleza.
Aquello que agarra nuestros sueños, nuestros deseos y
nuestras voluntades; aquello que engendra gozo y armonía en uno, elevando la
consciencia por encima de la carne, orquestándo las ideas en ordenado Allegro.
Son, pues, los hechos la factoría de los sueños; son las voluntades las que los
consumen y devoran y, luego, otros hechos exigen para satisfacerse, para
satisfacernos. No importa el origen de la fabrica de sueños, nada tiene que ver
los deseos con el objeto ya que ellos son esencia y no ser, el deseo es
ambicioso, no conforme. Aquellas horas exigieron menta, música, hermosura en
ti, canela y sedas entre ambos. Todo lo bello mezclado en la solución que
cataron durante siglos los que moraban Edenes fue puesto a nuestro parecer, y
de todo gustamos.
- Fue como una vida en un solo día- añadía ella a mis palabras como un
murmullo los memorables eventos que aquella noche vivió a mi lado.
- No. Fue un largo día, tan largo como una vida. Y la vida es bella.
¿Acaso no es así?. –MIA asintió con su cabeza débilmente balanceada sobre la
esbeltez de su cuello, observándome con la mirada afrutada, como el que padece
el martirio de una memoria irrenunciable.- La vida no es presa de nuestro
conocimiento; he aquí la Belleza
de ella: su carácter envolvente y mágico, incierto y solemne, absurdo e
ilógico. ¿Encuentras bella tu vida?
- No perpetuamente. Pero no sería justo negar sus embaucadores
momentos de gloria- respondió convencida en su totalidad.
- Yo vivo en la feliz vida que poseo; una vida que pretendo de bella
manufactura. Pero, esa mujer que me mostrabas paseando por la calle, ¿puede su
belleza por los sentidos de los hombres admitida devenir en eterna hermosura?