viernes, 19 de octubre de 2012


Lucía colgó el teléfono inalámbrico presionando la tecla de rigor con evidentes muestras de meditación difusa. Llevó la antenilla plastificada a su boca, y mordisqueó la prominente bolita de su extremo en el gesto impávido del que rumia en lo gris de su cerebro el asunto que permanece inconcluso, pendiente de la duda de la indecisión. Se dejó caer de golpe sobre el sillón del salón, y tras la ventana observó el batir de la lluvia estival en la terraza, y como las enormes y robustas plantas de su madre parecían pelearse por beber de lo que del cielo descendía, tal como sedientas mujeres extraviadas en el desierto. La felicidad en deflagración demostrada por su hermano mayor al conocer la nueva de su casamiento no contó con la suficiente animosidad como para transmitirle el júbilo a ella quién, embargada por entera con esa maniquea visión sobre el resultado último de toda decisión por ella tomada, fiel a sus miedos al fracaso continuaba, a pesar de sus ya treinta y dos años cumplidos.
Lucía siempre fue luz para los suyos y penumbra para si misma. Bajo el manto de canela que teñía su cuerpo, bello, dócil, causa y consecuencia de la locura de cualquier hombre, y la azucarada expresión de su mirada azabache, la niña de la que lamentables discursos surgían entre sus allegados cuando su ausencia en lugares se mostraba no lograba hallar la decisión última, aquella que hubiese de permitirle pegar ojo noche tras noche convencida de haber alcanzado la suma voluntad, lo que su corazón realmente requería. Camino de los treinta y cinco, temía caer en el mismo pozo que su hermano, ese agujero de soledad sobre el que muchos y muchas hacen caer las cuerdas del falso auxilio, muchas de las cuales se transforman en la soga del asfixiado, cuando no en la que maniata e impide el movimiento de querencias. Luis le estaba tendiendo ese socorro, y ella aceptaba ser extraida del pozo de la incertidumbre sempiterna. Mas, como era costumbre en ella, Lucía sospechaba de la sinceridad de su prometido; temerosa creíase de que, una vez lograse alcanzar la boca del pozo, desde ella él le diese ese beso para luego volver a dejarla caer en el abismo de lo inconcluso, de la duda enquistada, de lo nuevamente fugaz. O aún peor: que fuese ella misma la que del fondo no quisiese nunca extraérsele, aceptando declararse culpable para atenuar así su desgraciado y apenado hacedor de latidos.
- Cariño, ¿cenarás aquí esta noche?.
- No, mama. Luis y yo quedamos con unos amigos suyos para comentarle la noticia. Cenaremos fuera; vendrá a buscarme dentro de poco.
- Esta bien, hija, como veas.
Lucía miró a su madre. Su madre vio esos ojillos negros quejarse, le tomó una mano entre las suyas, y luego le izó el rostro compungido elevando su barbilla.
- Tu padre está preocupado, lo sabes, ¿verdad?
Con brusquedad, Lucía arrancó de las manos de su madre la suya propia y le dio la espalda simulando descafeinar la supuesta desolación de su progenitor.
- Ay, mira mama, no me comas la cabeza. Papa siempre se excedió impetuosamente en preocupaciones para conmigo. Soy mayorcita y se lo que hago. Procura extirparle de su mente la agonía que padece sin motivo alguno.
- Lucía, esta vez tu padre tiene motivos para preocuparse. Tu aventura anterior no fue, que digamos, para creer en tu madurada capacidad de decisión.
- Mama, déjalo ya, ¿vale?. Luis me quiere como nadie, me aprecia muchísimo, incluso más que papa y tu juntos, está decidido a hacerme feliz, y le creo, y punto, se acabó.
Entre ambas reinó el silencio por unos segundos. Lucía sabía ya cual era la siguiente pregunta de su madre.
- Pero, ¿y tu, Lucía?... ¿le quieres?
Inoportuno para la madre, pero muy adecuado para la hija, el estridente sonido del portero automático del inmueble interrumpió la conversación que ambas mantenían. Con celeroso ímpetu, Lucía urgió el reclamo que desde la entrada al edificio se enviaba, y con la audacia de quién escurre el bulto lanzose a contestar la llamada. Su madre, abandonada por su hija en la preocupación, permaneció mirando por la ventana sus plantas semi-arbóreas: <<No les es bueno tanta agua, hay que meterlas en el patio interior>>, pensó para si.
- Es Luis –dijo Lucía tomando su bolso del tresillo- Me llevo un paraguas, ya te lo traeré.
- Lucía...
- ¿Qué, mama? –respondió fingiendo hartura.
La mujer, en su quietud física y verbal, pareció estancarse. Al fin, logró desembuchar lo que a presión contenía en su mente.
- Yo también te quiero mucho, hija.
- Claro, mama, eso nunca lo dudé –y ambas se fundieron en un abrazo- Os mantendré informados. Adios.
Luis aguardaba fumando un cigarro apoyado en el capó del BMW. Vestía un pantalón color crema y una cazadora primaveral a juego sobre una blusa blanca de corte oriental que le dejaba parte de su varonil pecho al descubierto. Cuando vio llegar a Lucía, despidió el pitillo a medio terminar y se dirigió hacia ella para fundirle un beso en sus labios. Tras la salutación, a medio camino entre lo protocolario y lo forzado, él se encamino presto a entrar en el automóvil; Lucía, quieta y estupefacta, contó ésta como la enésima vez en la que Luis no tenía un gesto para con ella, un detalle que refrendase el afecto que hacia su persona guardaba, un gesto tal y como el abrirle la puerta de entrada al vehículo como el que placenteramente recibe el agasajo esperado. Nuevamente, tuvo que ser ella misma la que se honrase imaginando ser la dama complacida, abrió por sus propios medios la puerta, y entró. El motor del BMW rugió, y la pareja partió rumbo a la cita acordada.
- ¿Qué tal todo, pequeña? –estaba harta de que la tuviese como algo necesitado de cobijo y consuelo.
- Pssss, como siempre.
- ¿Te encuentras bien?
- Sí, Luis, sí, estoy bien, no te preocupes.
En tres minutos no se dirigieron la palabra. La ciudad bullía por las cuatro esquinas, la gente en la calle parecía aprovechar la pequeña tregua que la inoportuna borrasca veraniega le ofrendaba, y correteaba de un lugar a otro presa de las prisas y las paciencias olvidadas. Los claxons de los coches ponían énfasis en lo alterado del ambiente y saturaban los tímpanos de pitidos que permanecían en los oídos como los ecos de las sirenas míticas, llamando al mundo a la bacanal festiva, a la feria de lo vanidoso, a la verbena de las irascibilidades. El asfalto mojado ponía brillantina a las ilusiones de la muchedumbre.
- ¿Cómo se lo han tomado? –le preguntó a Lucía.
- Papá no estaba en casa. Solo se lo dije a mi madre. Avisó también a mi hermano.
- Y tu madre, ¿qué ha dicho?
- ¿Qué va a decir? Con el apoyo de mi madre siempre contaré, es una santa. Lo peor es mi padre, ya sabes.
Luis posó una de sus manos sobre el muslo de ella.
- Tranquila, tendrá que aceptarlo tal y como viene. Lo entenderá, seguro.
- No lo tengas por tan seguro. –le reclamó Lucía sin desviar la vista de lo que por su ventanilla observaba.

En el exterior del coche comenzaba a llover de nuevo. Los chubascos estivales son de los más molestos que existen, ora caen con brío sobre las cabezas caldeadas de las sufridas gentes, ora cesan su ímpetu y permiten el escarceo tímido de los rayos de sol entre el manto gris de los cumulonimbos. Este agosto estaba siendo menos común de lo que las leyes estacionales rigen; eran ya casi quince las jornadas en las que el calor era lo extraordinario, y las precipitaciones y borrascas profundas, lo más corriente. Sin embargo, tanto la humedad relativa del ambiente como el termómetro, hacían posible no excederse uno en el abrigo, y sí permitirse el lujo de caminar con ropa veraniega bajo un paraguas invernal. Lucía odiaba esas contradicciones meteorológicas.
- Luci... ¿en que piensas? –se preocupó su prometido. Ella, sin embargo, correspondióle con un sucedáneo <<Nada>>.- Dame un cigarrillo, anda.
- No tengo más que uno, hay que comprar ahora, ya sabes que en el restaurante ni venden, ni dejan fumar. –dicho esto, tomó el último de los cigarros que le restaba, y lo prendió.
Luis detuvo su marcha en la primera ocasión que tuvo para divisar entre lo espumoso del ambiente exterior un estanco expendedor, le pidió a Lucía prestado el paraguas, y se dispuso a satisfacer los vicios de ambos cuando ella, asiéndole el brazo con su frágil mano, lo retuvo en su salida.
- Luis...
- Dime.
- Le he comentado nuestro próximo compromiso a mi madre, pero nada le dije sobre nuestra cercana paternidad.
- Oh Lucía, por Dios. ¿Por qué no lo has hecho? –Luis se percató de la situación ilegal en la que había detenido su vehículo, y saliendo de él con el paraguas abierto tomó la “sana” encomienda de relegar a su vuelta la conversación con Lucía.- Ahora vuelvo y hablamos.
Justo cuando extrajo su persona del BMW arreció la lluvia como hasta nunca lo había hecho durante aquellas dos semanas de ininterrumpidas descargas pluviométricas, con fuertes rachas de viento que inútiles convertían los paraguas. Llegó al otro lado de la calle casi en la más completa de las anegaciones, con sus impecables pantalones color crema mojados hasta la rodilla. Bajo los salientes de las fachadas –lugares más que privilegiados para cualquier precavido que osara poner pié en la calle tal día como aquel-, los escasos portales que permanecían abiertos, las marquesinas de las paradas de buses, y las bocas de metro, la gente se agolpaba profiriendo toda clase de maldiciones, exclamaciones aterradas, y santiguándose de cuando en vez convirtiendo aquellos momentos en los mismos que sucedieron a la crucifixión de Cristo en el Gólgota. Un rayo de luz, como si del flash de una instantánea se tratase, iluminó los rostros de los personajes que recogidos se mantenían a resguardo durante un segundo, justo cuando Luis hacía entrada en el estanco. A continuación, un estruendo ocupó todo el espacio que por ocupar había en aquel momento. El sonido recorrió la calle, penetró en todos los portales, ascendiendo como una indiscreta visita por las escaleras, entrando en las viviendas, en los oídos de los hombres y mujeres que en el exterior había. El gentío profirió toda clase de gritos, alabanzas, alguno chilló de alegría. Luis fue consciente de que era el primer tronar que había escuchado en seis meses; el primero, y el más escalofriante.
- Me das dos de Chester, por favor.
- Son cinco treinta. –el mozo que atendía el estanco era manco, sin embargo parecía ducho en su imposibilidad, y flirteó con el cambio con la destreza de quién pueda tener tres extremidades y se jacta de ello, de su anormalidad.- Menuda que está cayendo, ¿no?
Luis no le correspondió al comentario, huyó del local como quién aterrorizado escapa de una bestia abominable. De lo que pretendía extraerse era, sin embargo, de sus propios pensamientos, de lo cruel que estaba siendo Lucía con él, y consigo misma. Al inicio del camino era imposible atisbar la meta a alcanzar, por tanto, Luis no creyó necesario ni tan siquiera emprender la afrenta del caminar.
- Hasta luego, ¿eh? –dijo el mozo con retranca tras la barra que lo separaba del prójimo y que lo mantenía cerca de los vicios de aquel mismo.



miércoles, 17 de octubre de 2012




Esta indecisión me molesta
si no me quieres librame
Dime que tengo que ser
sabes que ropas me quedan?
Me tienes que decir
me debo ir o quedarme?

Yo me enfrio o lo sufro

Yo me enfrio o lo sufro
yo me enfrio o lo sufro
Si me voy va a haber peligro
si me quedo es doble
Pero me tienes que decir
yo me enfrio o lo sufro



viernes, 12 de octubre de 2012


-¿Y ahora que?. Ahora, ¿nos seguiremos conformando con la resignación para calificar nuestra existencia, una inexistente existencia?. -proseguí a ritmo de contrabajo-  Yo no deseo ver más a ese hombre bajo el poder del baculo justiciero de un dios, un hombre sumido en la deseperación por alcanzar el tesoro de los “justos”, como desespera un perro que se humilla al amo para obtener de él alimento o gracias. Las gracias divinas acabaran por eliminar al verdadero ser humano: el hombre en potencia.
-¿Qué es el hombre en potencia? -demando ella sin desviar la vista de la gran nave que se alzaba sobre el baldaquino papal. “Esto solo significa que MIA acoge en su mente lo que como chorro de fuente que sale incesante”, me dije. Y ello me animaba a proseguir y conformar su deseo de sapiencia.
-Es el animal más el hombre. Sin más adjetivación. La bestia que hará del dios una nimiéz. Es la voluntad suprema encarnada y encolerizada contra todo aquello que la obstruya; en realidad nunca habra algo que ose frenar su ascension, pues el hombre en potencia es la representación de la crueldad. Sí. La crueldad, pero cruel con lo que no suponga superación y si con retrogación, cruel consigo mismo sera el hombre magno si sospecha de que su alma se inclina jugandose con ella su cuerpo hacia el abismo, el abismo del miedo, la cobardia. Ese gran hombre tendra valor con letras de oro, y con letras candentes marcara sus victimas, las debiles y marchitas. Su poder abrasara a otros poderes, muchos de los cuales gozan de prestigio en estos dias que nos estan tocando vivir. ¿Qué jurado humano sera capaz de condenar lo que con tanta voluntad se erige bajo el estigma del delito?¿Quién, que, como , cuando detener a lo que con la fuerza de una mente se alcanza?. Puesto que eso es el hombre en potencia: fuerza consciente de si misma, ¿quién osara hacerle frente?.




martes, 19 de junio de 2012


<<¡Lástima, una arruga en la espalda!>>. No importaba, aquel traje fue una de las decisiones más congratuladas que había tenido en su vida; lo escogiera con tal tino que el propio empleado de la tienda textil, asombrado por la exactitud con la que en su cuerpo cuadraba, jamás había conocido coincidencia semejante: <<Asombroso, parece haber sido compuesto exclusivamente para usted, caballero>>. En fin, que una arruga en la parte posterior del blaiser venía a conjugar en simetría matemática con las que empezaban a asomar en su rostro cuarentón. La combinación de pliegues le harían parecer una barroca pieza esculpida en el retablo de la madurez, esa madurez que emerge reclamando ya su candidatura al gobierno de las voluntades de la vida. Con el perfume buscó, no obstante, escapar del exceso: deber es el buscar no resultar discreto, pero tampoco encontrarse con el rechazo y la pedantería de la pituitaria. Observose en la superficie pulida, viose, sintiose, y creyose imponente, y salió a dar a conocer el desborde de su persona. Había dejado de llover.


jueves, 31 de mayo de 2012


- Están aquí –continuaba yo-, con nosotros. Los instantes bellos que acompañaron a dos seres que habían hipotecado sus actos voluntarios a los involuntarios, dueños estos de la razón y de nuestra naturaleza, están aquí. Me sentí rey, sentí estar almorzando con la diosa Fortuna en ti reencarnada. Bello también aparentó sernos el mundo y sus horas; remedio que acabo en enfermedad, profetas entre ambos, intentábamos competir, nuestros deseos asediaban a los del otro con el más efectivo de los ejércitos: el de las palabras. Sonaba el “Aria” de la “Suite nº 3” de Bach, alguien era cómplice de nuestra escapada extramundana...
- Eso fue bello. –continuaban mis recuerdos reavivando cenizas- Eso era la Belleza. Aquello que agarra nuestros sueños, nuestros deseos y nuestras voluntades; aquello que engendra gozo y armonía en uno, elevando la consciencia por encima de la carne, orquestándo las ideas en ordenado Allegro. Son, pues, los hechos la factoría de los sueños; son las voluntades las que los consumen y devoran y, luego, otros hechos exigen para satisfacerse, para satisfacernos. No importa el origen de la fabrica de sueños, nada tiene que ver los deseos con el objeto ya que ellos son esencia y no ser, el deseo es ambicioso, no conforme. Aquellas horas exigieron menta, música, hermosura en ti, canela y sedas entre ambos. Todo lo bello mezclado en la solución que cataron durante siglos los que moraban Edenes fue puesto a nuestro parecer, y de todo gustamos.
- Fue como una vida en un solo día- añadía ella a mis palabras como un murmullo los memorables eventos que aquella noche vivió a mi lado.
- No. Fue un largo día, tan largo como una vida. Y la vida es bella. ¿Acaso no es así?. –MIA asintió con su cabeza débilmente balanceada sobre la esbeltez de su cuello, observándome con la mirada afrutada, como el que padece el martirio de una memoria irrenunciable.- La vida no es presa de nuestro conocimiento; he aquí la Belleza de ella: su carácter envolvente y mágico, incierto y solemne, absurdo e ilógico. ¿Encuentras bella tu vida?
- No perpetuamente. Pero no sería justo negar sus embaucadores momentos de gloria- respondió convencida en su totalidad.
- Yo vivo en la feliz vida que poseo; una vida que pretendo de bella manufactura. Pero, esa mujer que me mostrabas paseando por la calle, ¿puede su belleza por los sentidos de los hombres admitida devenir en eterna hermosura?




domingo, 1 de abril de 2012

Asi se hizo. Presenté mis credenciales y prerrogativas adquiridas durante meses de enclaustramiento y las sometí ante mi propio juicio. Yo sería juez y acusado. Mi projimo, el tribunal. Dispuse todo argumento en la defensa de mis ideales y salí al mundo desnudo. Tal y como el sol me había visto por primera vez, así tambien me conoció la gente aquel día. Paseé mi desnudez corporal por toda la ciudad, ajeno a burlas y miradas despreciativas pues así debía ser ya que deber mio era el rechazar tales gestos confinandolos al pozo de las trivialidades ya que, de no hacerles caso omiso, susceptible yo era de caer en la culpabilidad de mi juez, mi único juez: yo.
Y paseé mi pureza por las calles, sin más abrigo que el abogado que me había de, no excusar, sino defender ante las condenas, que serían multiples, de las miradas inquisidoras de los extraños; ese defensor no sería más que yo mismo. Con decisión afronté mi primera prueba, mi primer examen de conciencia. Me enfrenté a las burlas, los desprecios de la gente que atonita descubría la situación. Una situación extravagante para ellos, denigrante y vergonzosa. Aquellos, reían por mi osadía, los otros valoraban mi valentía, estos, me exhortaban al minimo de pudor y decoro. Todos, riendo, negandome, acusandome, me veían. Había logrado ser el foco de atención y mientras nadie se decidiese a denunciar tal situación ante las autoridades competentes yo debía exponerme con celeridad. Yo debía, pues esta era mi voluntad y así se me ordenaba. Caminaba con la cabeza altiba, orgulloso del modo ante el que acudía a la sociedad aquel día: puro, limpio, sincero.
-¡Oidme vos, los que se ocultan bajo prendas y se avergüenzan de si mismos!-grité al tiempo que me elevaba en la madera de un banco de un verde y urbano jardín, con lo que quedaba en exposición todavía más a las diversas miradas sorprendidas- ¡Escuchad a este pobre pero sincero ciudadano que os dirige su pálida piel, pues con ella me muestro en claridad y verdad ante vuestras personas!.!Permaneced atentos a mis palabras que como testimonio de este ser pretenden llenar vuestras orejas más que lo que mis vergüenzas lo hacen en vuestros ojos!
La masa de gente que se agolpaba paulatinamente creía estar ante el espectaculo más bochornoso que el teatro ambulante podía ofrecer y, a marchas forzadas, pues mi cuerpo causaba mas risas que admiraciones, lograba la muchedumbre prestar audición a mis palabras no sin lanzar alguna que otra ocurrencia al aire tratando de amonestarme, animarme o sonrojarme. Proseguí.
-Como un susurro vino a mi hace tiempo un duende extraño. Se me adhirió a mi subconsciente como el amigo que busca consolarte a cambio de favores y pidióme ser compañeros del camino a la muerte. Involuntariamente me ví forzado a aceptar su nunca demandada compañía pues no puedo negar que insistió en ello hasta la saciedad como tampoco puedo renegar de la enorme falta que me hacía un camarada por entonces. Con todo ello, inicié junto a él el largo camino de la vida. Y he de admitir que nació en mi interior la semilla que desea ser sembrada en mi corazón desde que obtuve por compañero de espíritu a este extraño ser. Día a día. Si antes yo hacía nada, ahora hago todo y más. Descubrí que el gélido aliento que mi boca escupía se hacía brasa. Y quemaba. Mi silencio convirtiómelo su compañía en alboroto, mi sueño diario en insomnio incansable, mis pensamientos en ríos de sabiduría y voluntades. Entronó mis ilusiones él, ese inesperado compañero de vida. Rescató de la prisión mi ego y lo sometió a entendimiento, sapiencia, fuerza, vitalidad, poder... Confióme el secreto de todo guerrero y me preparó para la lucha. Y yo no le defraudaré, pues de mi espera él arrojo, decisión y valentía.
¡Y he aquí que me tenéis, presto para enfrentarme al que ose medir su yo contra el mío!. Temed todos mis voluntades, pues ellas pueden ser las más macabras e inhumanas pero también las más constructivas y deseables que jamás hombre en la tierra se dignó a llevar a cabo. ¡Ya basta! !Ni Dios ni su secuaz hombre! Yo soy el todopoderoso y me hago llamar “HOMBRE”. Yo confío en ellas, en mis voluntades, mis deseos y sueños. Me apoyo yo en ellas pues son las que alimentan mi poder y mi conciencia que por otro lado es suprema, está por encima de las vuestras, las hipócritas e ignorantes.
Fomentó el animo en aquel mi discurso la bien parecida atención que muchos de los oyentes prestaban a mis gestos y palabras, mientras otros se mostraban reacios a ofrecer sus oídos a mi, pues bastante tenían con mofarse de mi nudismo. Tomé oxigeno.
-Yo soy YO. -continué de este modo- Y yo os desprecio por vuestro vivir. !Colectivizados! Asco me producen vuestras caras de inmensa felicidad, asco me dan las costumbres vuestras, asco y repulsa me dais en el útero de vuestras madres, y en vuestras tumbas, pues no dejáis de ser los mismos: hombres resignados. Resignados a vivir estancados en donde hace siglos aprendisteis a usar las manos y con ellas vuestro cerebro, donde empezasteis a conoceros y enorgulleceros falsamente.
Oid el susurro. En él no hay palabras cobardes ni intenciones pasivas, solo voluntades, ilusiones, cambio. ¡Atended, escuchad! Silencio. Las gargantas de los oprimidos, las carcajadas de los opresores felices. ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Cobardes! Haga en mi este aliento carne las voluntades, trueque el sueño en realidad. Temed mi ira, pues es ella la que alimenta mi poder. Vos, los orgullosos; vos, los impíos; vos, los calumniadores, los soeces, los bárbaros humanos: ¿a dónde os dirigís, cual es vuestra meta? No sabeis, pues sois pasto de la ignorancia. Dejadme a mi; yo os mostraré vuestro futuro: pequeño y pasado, caduco. Continuais rebozandoos en el barro que durante tiempos cegó las miradas de vuestros antepasados, y seguís suplicando a las alturas la lluvia, esa lluvia que fomenta el barrizal en el que os sumergís. Puesto que en mucho os asemejo a las cerdos os dejo en vuestras piaras, ya que en ellas parecéis dichosos y jactanciosos. Mas yo y el susurro, de ellas huimos. Nada quiero saber ya de vosotros. No os pretendo discípulos, ni creyentes, ni fieles o compasivos, solo deseo rivales con los que medirme sin leyes que amparen nuestras cobardías y sofoquen los fuegos que de mis entrañas manan y mis sentidos carbonizan. Y serán esas llamas las que enciendan las hogueras de las voluntades de quién ose a mi enfrentarse. Y esas voluntades se medirán a las mías. Acudid con vuestro dios al reto, ello será por mi bien recibido ya que es él el que os llevará al apocalípsis y yo seré, aún sin haber desenvainado la espada, el vencedor, el poderoso, el que crea las maravillas, el conquistador de los cielos, el desfacedor o tejedor de sueños. Soy el arbol del que emanan jugosos los frutos de mi devenir. A mi llegan todas las fuerzas y sentimientos. Me hacen llamar “el hombre de los grandes sueños”.
Mis retinas fijaron la percepción al fondo del grupo humano que atendía mis palabras y gestos, allí donde el gentío hacía pesar más su desinteres por la escena y marchaba decidido a su objetivo personal más inmediato no sin enviar, como por cumplido, una pequeña vista hacia mi desnuda imagen de mártir. Entonces, mis ojos toparon con los suyos; mostraban sorpresa e incredulidad, vergüenza ajena, trastorno. Tras un tiempo en el que yo, turbado por hallarla allí, viéndome, y ella, confusa en la situación denigrante, entristecidamente sola como se encontraba, nos miramos fijamente, decidió ir en mi ayuda. Socorrió como el que socorre al cordero acechado por el lobo hambriento, abriendose paso entre la multitud de burlas, comentarios de repulsa y desprecio, hacia donde yo estaba. Aquel era el gesto que desde que nuestros sentimientos se cruzaron por primera vez había estado esperando de MIA. Mostró su ego la valentía que lo enchía, pues declinó tomar huida ante lo que vió asomado entre decenas de cráneos que se agolpaban en un lugar de aquel jardín público, y valerosamente ejerció de diosa a la ayuda del héroe. Llegó a la altura del escenario y me suplicó casi en lagrimas.
- Por favor, baja de ahí, de tu púlpito y rehusa mostrarte débil e indefenso –dijo casi susurrando, quizás intentando evitar que sus palabras alcanzaran oidos ajenos.
Me quedé mirando sus perfectos rasgos faciales. Descendí de aquel banco de calle e inmediatamente ella arrojó sobre mi blanco desnudo su abrigo del que fugazmente se había despojado al intuir que mi rostro, dispuesto a atender su súplica, se tornaba culpable y mis pies me clavaban en tierra firme. Los individuos, aquellos que durante pocos minutos se me habían convertido en parroquia, observaban el capitular de mi yo ante MIA, impávidos; y durante esos segundos acallaron sus risas y críticas.
Rápidamente, casi corriendo, ella me arrastró entre la muchedumbre que giraba sus cabezas tras nuestros apurados pasos, asiéndome por los hombros. Su cabeza altiva. Sentí que le había defraudado y avergonzado públicamente, y no me perdoné el haberle faltado de aquella manera. No era quién, mientras nuestros pasos acelerados procuraban escapar de los ojos del prójimo, de mirarle a la cara. Imaginé, aún así, que su expresión denotaría enfado. En el trayecto a nuestro hogar no me dirigió palabra, puede que, aunque quisiese, no encontrase alguna para describir, censurar, quejarse o culparme por aquello que contempló, o quizás llegase a la conclusión que yo no merecía un solo gesto de atención.

viernes, 16 de marzo de 2012

Lois XIII

         Cando se tivo posto de pe, Herminio decatuose do que tivera acontecido e, lonxe de terse por culpable da situación de inmensa dor que padecía eu, arremeteu contra min sinalandome co dedo acusador mentres berraba ca forza que lle asistían os últimos alentos alcohólicos, sen deixar de tentar busca-la posición axeitada dos seus pes pra non bate-lo seu corpo ó chan doutra volta.
- Eso pasache por andares enriba de min todo o puto día. –dicía “bailando” sobre un metro cadrado de cespede- Xa me chegou con aturarte onte e agora ves canda min sabedios que carallo buscando. ¿Non tes unha casiña onde senta-lo cu dunha puta vez? Semella que estas namorado de min. ¡Vai buscar unha moza por ahí e esquecete de este home, cona!.
- O alhohol faiche esquecer, ¿eh?. ¿Non te lembras de min? –zampeille ós oidos mentras non deixaba de baterse a testazos ca lei da gravidade que estabase a mofar del. Se cadra foi por mor de tal estado que aquelas preguntas que lle facía (e que caían en saco furado) foran as que fixeran caer  definitivamente a Herminio coma se de un porco morto se tratase sobre o chan.
O certo é que petou bastante pesado no chan, o que me fixo sospeitar que o home tería caido xa inconsciente ó chan. Remataran xa trinta segundos chamandoo polo nome cando fun cara él. Achegueime ata onde quedaba o seu corpo ainda co cheiro a oxtia que levaba no nariz da zoupada que ambo-los duos tiveramos facía segundos e decateime de que o seu estado era crítico. Botaba sangue pola boca que lle percorría o pescozo coma unha serpe vermella, a sua cor comenzabase a por rubia. Zarandeeino ben pra que acordara, chamaba por él cada vez dun xeito máis desesperanzador. O medo asedioume a cada segundo que pasaba e non obtiña resposta conscente de Herminio e cada intento de comunicarme con el petabame no corazón facendo cosegas no peito.
Decidin buscar axuda e botei a correr cara a xente que se atopaba no outro lado do parque e roguei auxilio a alguns paisanos que tomaban o sol por alí. Supliquei socorro a cada un deles, pero ningun era quen de tensa-la columna vertebral e votar a andar cara o Herminio, pois a sua meirande eran anciáns (¿que outras persoas ía haber un domingo pola maña en pleno vrao nesta cidade que padece de trinta e dous grados de febre xa ás once horas?), impedidos os pobres pola reuma que provoca o facer favores a tanto patrón durante case toda unha ducia de lustros. Berrei ben forte polos arredores do parque pero ninguen acudía á chamada que ven do inferno, movín os ollos coma se nunca vira buscando algunha persoa que votase a correr cara min pero ninguen me facía caso, sobre todo cando descubrían quen necesitaba de axuda. “Ah, es por aquel mendigo que se encuentra allí...” decía algún en tón despectivo e indiferente que ía acompañado pola muller. “Mira mama, es por aquel señor que esta allí”, decía un neno.
Votei a correr xunto o home pra ver como se atopaba. E mentras corría coma un demo vin que tamen aceleraba o paso en sentido contrario ó meu. Chegou ata o Herminio e axeonllouse xunto o inconsciente. “Gracias”, dixen.
- Verte sangue pola boca. –dixo o home tan pronto viu a hemorraxia.
Ergueuse, meteu as maus nos petos e sacou un telefono movil ca disposición de socilita-la axuda que tanto me costara conseguir. O home tiña por riba dos trinta anos e estaba acompañado pola que semellaba se-la sua moza e que agardaba un pouco máis lonxe o desenrrolo dos acontecementos. Ata elá marchou unha vez feita a chamada. Falaron entre eles case un minuto, e ambo-los dous decidiron agardar a ambulancia vixiando de cerca o Herminio.

miércoles, 29 de febrero de 2012

G.R.I.P.A.R.


CONVOCADOS
los inconformes, los mártires y los héroes.


A ellos y sus voluntades se apela en los párrafos que siguen con el ánimo inicial de hacer acopio de rencores y miserias, incomodidades e inquietudes, y con el propósito último de alcanzar destinos como colectivo de individuos libres y decididos, propietarios de las suyas dignidades sin daño de la de sus iguales. Se llama a la reacción contra la acción de los sirvientes del putrefacto Sistema y se insta a la suma de fuerzas e ideas para la deconstrucción, ulterior demolición, y final reconstrucción de los pilares que conforme a la ley natural deben sostener la perfecta convivencia de individuos y sociedades.

Saturadas y vejadas las morales, el Sistema imperante devino en sinrazón a favor de la fe fácil, el consumismo ciego, la materia divinizada, la anulación de principios y la devaluación y sátira del hombre de justicia y bien. El “progreso” se confundió con la falsa creencia en que la abundancia era síntoma de bienestar, y que el Tener hace al Ser, orillando como retrógrado todo lo que apelaba a la moral, esa que en los días de hoy permanece en la marginación y diluida en corpus legales de dudosa ratificación.

Desprestigiamos las escuelas y dogmas de la más pura ortodoxia del liberalismo económico, matriz del contemporáneo modo de entender los tiempos y los hombres, y sancionamos todo su corpus político, cultural, moral y social, así como su aplicación. Manifestamos nuestra disconformidad con las actuales maniobras de gestión de la recalcitrante crisis, la más absurda y sórdida del mundo moderno, y rechazamos tanto las causas como las consecuencias derivadas, estas últimas inoculadas sobre las ya maltrechas dignidades de los ciudadanos haciéndolos creer auténticos culpables de la situación de recesión y precariedad y, lo peor, únicos reponedores de todo lo destruido. Reprobamos las insistentes transfusiones de confianza de los gobiernos a los intereses financieros, a los que con total impunidad durante el largo ciclo de crecimiento se les ha permitido el expolio de lo poco de lo que disponían muchos hombres y mujeres, su libertad. Deslegitimamos por tanto cualquier acción que ponga en peligro la honradez y dignidad de los hombres y mujeres, denunciamos el abuso en cada una de sus vertientes, toda expresión de excesos que implique el aumento de deficiencias en los corazones de los ciudadanos, y defenestramos toda actitud de soberbia, el prejuicio, la ambición material desmedida y  la avaricia. Renegamos de la defensa de la propiedad privada material con menoscabo de la dignidad de las mujeres y de los hombres, la prevalencia del privilegio ante la virtud, y despreciamos el fomento del Deber a… frente al soslayo del Derecho a…

Los acordes a este manifiesto declaran no estar adscritos a una ideología política concreta, ni profesar credo definido, sino como grupo de ciudadanos libres en busca de participación, intervención y con efectividad plena sobre las estructuras. No apelamos a un estricto regreso a la “nacionalización” de los sistemas de producción y consumo, pero sí anhelamos una tutela por parte de los gobiernos, los que nos representan, en aras de una mejora para la correcta nutrición de las morales, las cuales consideramos violadas con el espureo objetivo del “producid-consumid” anulando toda voluntad individual que se desmarque del dicho fin, y arrastrando los sueños de los ciudadanos libres a las cadenas perpetuas de las grandes superficies comerciales, los cantos de sirena del “hombre de éxito”, las viles ideas neocapitalistas de que los mercados se sostienen gracias a su propio eje de rotación, la resignación a asumir la voracidad de la usura financiera como lógica, y la malentendida y difundida razón del “estado de bienestar”. Llamamos a la participación de los ciudadanos en las estructuras de los poderes de un modo transparente y eficaz, pues son ellos los reales y graciosos, los excelentísimos e ilustrados depositarios de las soberanías, siendo no tanto los amos de sus propios destinos como los jueces de los destinos de quienes agredan el interés de todos y cada uno. Apelamos a la idea de Justicia universal, al derecho a una educación aséptica que procure ante todo el enriquecimiento de la moral personal para beneficio del prójimo y nunca a costa de éste o sobre éste, a la igualdad de oportunidades entre similares y a la congratulación del logro meritorio del naturalmente capaz para provecho de todos.

Censurado pues el Sistema y sus conductas, y ya que solo se puede combatir un dogma con otro dogma, lo que sigue es susceptible de tenerse por tal. Y no se niega.

Así las cosas:
-                      Se rechaza la idea de que el Capitalismo como modo de producción satisfaga con justicia la dignidad de los hombres. Demostrado queda que se trata de una forma más de esclavitud y quiebra de las honorables cualidades humanas
-                      Se rechaza, en consecuencia, cualquier estrategia del gobierno del Estado español, en particular, y gobiernos mundiales, en general, por hacer prevalecer a salvo las garantías de libertad de acción con las que cuentan los depredadores capitalistas en perjuicio de la honra del individuo, vistos los acontecimientos actuales.
-                      Se rechaza así mismo, el actual modelo de crecimiento, la confusa idea de “Estado de Bienestar”, la opulencia, los gurús de la indolente “ciencia económica”, y cualesquier otra idea impuesta desde las teorías neoliberales.

Por tanto:

-         Se reivindica y reclama la revisión del actual modelo de sociedad y saciedad, su idea de “progreso” y “Bienestar”, devolviendo al hombre lo que es del hombre, y al Cesar lo que se merece. Reclamamos la liquidación del sistema Capitalista. NO a la propiedad material privada.
-         Se reivindica y reclama el freno de toda estrategia que desde las esferas políticas se procuren para colmar las exigencias de los mercados avaros, exigiendo a éstos el cese de los ataques y reclamaciones, y obligándolos a recuperar las maltrechas economías, al menos, desestimando la posibilidad de poder recuperar lo que creen haber perdido.
-         Se reivindica y reclama la recuperación de las garantías individuales, la dignidad del Ser como principal moneda de cambio, políticas de fomento de la educación en valores reales, no interesados, que el trabajo sea algo que dignifique y sea reconocido como virtud, no como un bien y por tanto tenga un precio, la desvirtualización de la Economía como ciencia social, y el regreso a actitudes de honor y justicia. Dar valor a quién lo tenga y fomente, no a quien lo compre o venda.

De todo lo expuesto, se deriva:

INTERVENCIÓN Y PARTICIPACIÓN

Sabidas y asumidas como ineficientes las recientes actuaciones de los poderes estatales para detener la escalada de ataques de los especuladores sin escrúpulos sobre los mercados, y viendo que los esfuerzos de aquellos son mayores para la salvación de los intereses de éstos antes que los de los ciudadanos soberanos; conocidas las causas -libertad de acción de las estructuras económicas que devienen en prácticas abusivas y desmedidas de transacciones de dudosa viabilidad-, y sus consecuencias -colapso de los mercados y, por ende, derrumbe del sistema y todo sobre lo que se había sostenido-, y asumida la necesidad de corrección, los que aquí se convoca deciden:

Combatir la acción de los demonios e inacción de los gobiernos con su propia reacción, tomando la iniciativa desde la actividad individual o colectiva, bien desde la aportación de propuestas de reforma u opiniones e ideas, bien desde la propia reacción, ora en la calle, academias, foros, sociedades, ora desde los hogares o lugares de labor, con el fin de liquidar el actual Sistema y su reemplazo por otro que defienda y procure los anhelos antes expuestos.
La lucha sin tregua contra el germen de la impiedad: el poder financiero. Culpable del engaño a escala mundial que nos ha arrastrado a la latente crisis, apelamos a los que se adjunten a esta declaración al combate ideario y de sabotaje de todo lo que represente la actuación de los protagonistas y principales creadores de la “falsa moral”.

En un mundo difícil, hagámoslo posible.
Pensamiento, moral y lucha.
Crecez y multiplicaos.




En cualquier lugar, y por cualquiera

En Marzo del año 2012

miércoles, 15 de febrero de 2012

Lois XII

Unha vez tiven chegado ó xardín dos Devanceiros dirixinme cara o emprazamento que a cotío soio tomar. Aquel situabase en baixo dun carballo ven ancián que imprimía unha sombra tal capaz de xear un ferro quecido ó lume en menos de cinco minutos e en pleno vrao. Era un sitio de privilexio pois, se se contaba cunha forte sombra cando un a precisaba, ademáis tamén permitían o seu follaxe a penetración dos raios de sol cando un requería a sua presencia no rostro. Era aquela árbore a que velaba as miñas sonadas en primaveira e o meu alivio no vrao, pois na estación estival era inalcanzable tarefa o concilia-lo soño nesta cidade.
Mais cando me acheguei ata o lugar onde enraizaba o carballo centenario a miña sorpresa foi maiúscula: dende o lonxe atisbei o Herminio que esparramaba as suas carnes xusto no anaco de cespede onde eu desexaba facelo e onde eu sempre o tivera feito. De novo aquela figura desfeita calzabase diante de min coma se en verdade andivese na miña procura, e elo mosqueabame.
A medida que avanzaba cara o lugar confirmaban as que nun principio parecían simples sospeitas. Alí estaba él, medio votado cara un lado e facendo competencia o delicioso ruxir da auga na fonte e o cantar dos paxaros cos seus roncos pulmóns. “Certamenete está a durmir”, pensei. “Voume cagar nel por que estou alporizado de máis”, farfullei entre dentes; a verdade e que aquel suxeito votara por baixo uns planes esbozados ca meirande das ilusións e vontades dende facía minutos. Era coma se o home arrinacara da miña boca un doce suculento, a min, co lapeiro que son....
¿Qué diaños estaba a acontecer? ¿Vai resultar agora que este individuo andaba na teima de fastidiarme? Onte vetara os meus desexos e necesidades o prohibirme desfrutar dun chapuceo na fonte do parque da Carracha e hoxe privame do que tanto estivera a facerme á idea. Se cadra estou condeado a ser condeado por este gañan.
Achegueime ata onde ocupaba o escaño da miña evasión primaveiral e que seduciu o meu interés por voltar á escapada do mundano bullicio facia uns pocos intres e fixen nota-la miña presencia ó Herminio exercendo de penumbra movil sobre os seus pechados ollos. Nin se inmutou. Mascullei entre dentes, tosín un chisco e mesmo ata referinme a él, pero non acadeime resposta algunha. Nen tan sequera abriu os párpados pra ollar quen lle estaba a incordia-lo soño. Foi entón cando comencei a sospeitar de que non estaba dun xeito normal.
Fiquei un pouco maís preto del e cheireille a alma. Ulía a viño a meirande parte del e a outra restante a merda. Pousei a man sobre o seu peito temendo polo seu cardíaco estado, maís alí lle estaba o corazón, cumprindo coma sempre. Acordei, e a idea de que o home atopabase baixo os efectos do viño era a única hipotese daquela situación. Zarandeeille o corpo levemente primeiro e despois, ante a ausencia de consciencia do Herminio, de xeito brusco.
- Deixa, deixa, deixa –escomenzou Herminio a falar coma se estivese mascullando as palabras na sua boca.
Pero seguía sen abri-los ollos. Procedín a berrarlle. Berreille na orella  o seu nome canto máis forte podía e, co susto, ergueuse de súpeto pegando tal chouto que petou a sua testa nos meus fuciños provocando un estado de dor e confusión na miña razón que por intres non era eu quen de situarme no espacio. Caín involuntariamente cara atrás. Un coñecido cheiro asomouse ós meus narices e estos comenzaron a expulsar sangue como villas de garrafóns mal pechadas.
- Merda pra ti, Herminio –dixen pra min.

domingo, 29 de enero de 2012

Lois XI

Deixei de andar na procura do home que tanto me fixo pensar o día anterior e dediqueime a buscar outras correrías. A xornada non parecía propicia pra elo, nembargantes tenteino.
Era domingo e moitas das xentes adicaban a mañá a limpa-lo seu espiritu en liturxias varias espalladas ó longo das multiples igrexas da cidade. O resto dos mortais paseaban o seu merecido descanso semanal polas ribeiras do rio que rompe en dous a cidade. Eran estas persoas as condeadas a soportaren os rigores do vrao no seu lugar de traballo. Moitos andaban de alá pra acá cos seus cativos, cos seus cans, cos abós e aboas, cas mozas e mozos, cavilando en como tiña que ser a vindeira semana, ou como regalar o agasallo que ten preparado pro martes pro noivo sen que deixe de ser unha sorpresa grata, ou como desfacerse da debeda pendente, ou como amarra-lo paxaro que andaba a xogar entre a herba, ou como lograr lembrar o esquecido, olvidar o que se quere esquecer e esquecerse de lembrar...
Eu collin cara os xardíns dos Devanceiros, pois tiña ganas de votarme no chán verdescente, na alfombra natural que se me ofrecía naquel lugar sementado dun limpo cespede. Era o arrecendo a clorofila húmida o que atraía os meus sentidos ó extase. Alí, deitado ca frente ó sol mañaneiro, deixaba flui-lo meu espíritu polos cauces do deleite e pracer mirando sempre urdir fantasias na miña cachola que fixeran sentirme máis ca un anaco de mundo. Sobre aquela herba construín durante moito tempo atrás fazañas que so tiñan sentido naquel lugar; a imaxinación levabame con ela onde eu mandase, era a miña esclava e con ela vivía venturas e desventuras (máis das primeiras que das segundas, so faltaba...). Deitado naquelas verdes caricias biquei por primeira vez a unha moza, ubiquei o trono dun reino onde eu era o seu monarca e principe e argullei esceas diñas do heroe de centos de seres.
No xardín dos Devanceiros non cabían os pesadelos. Sempre, arredor de frores, tallos de dolce  cheiro, follas de feitura delicada, deixaba medrar o meu sentido aventureiro polos sendeiros do fantástico. As primaveiras no xardín dos Devanceiros eran solemnes e inmaculadas; cando chegaba Marzal escomenzaba eu a deixarme remexer no leito de agarimoso tacto. As veces chegei a ficar ata cinco horas deitado no verde manto de natureza; aquel lugar envelexaba de grande maneira a calquera que soubese acoller no seu nariz o suave arrecendo da mollada herba, no seu oido o rítmico cantar dos paxaros e na sua pel o fresquiño sopro de ar feble que piropea as frores que ousan se-las primeiras en presumir de cor e olor nas datas incipientes da estación da abundancia.
A primaveira era recibida no xardín dos Devanceiros con honras de deusa da fertilidade. Eu tomaba parte no protocolo e ía sempre que podía a rendirlle pleitesía. Ela agradeciame o feito cun bico de ar nos beizos, un susurro de árbore e as gracias da fror. Sentíame ledo de vivir cando contaba ca complicidade da natureza e os seus trasnos e cando non estaba deitado por riba do cespede correteaba entre as prantas e árbores ou paseaba amodiño coma querendo recolle-lo ambente que alí reina e levalo pra casa.
Os vraos no xardín dos Devanceiros, nembargantes, son máis rexeitables, ainda que o lugar non deixa de ter atrainte pra min. Hoxe, unha visita a aquel hermoso rincón da cidade non tería por que ser pedante nen mala idea; ademáis, fai tempo que non teño vivido historias pra lembranza.

miércoles, 25 de enero de 2012

INCUMPLIMIENTO Nº  96

POUR ÊTRE ABSOLUTE IL FAUT ÊTRE AVANT MODEREE. ON NE PEUT PAS VOULOIR ÊTRE TROMPER SANS ONT ETE AVANT STUPIDE

miércoles, 18 de enero de 2012

Lois X

O día amanecía do mesmo xeito que o anterior: as seis e media xa penduraban os raios de sol pola fiestra que ficara aberta a noite pasada, deica as sete o sol escomenzaba a ameazar polo nacente e as oito e media xa castigaba as carnes dos que ousaban enfrentarse a él.
Eu erguinme de bo grao pois non me tiña por canso, e por que tampouco son dos que lle guste moito pegar a última sonada unha vez desperto na primeira espabilada. Nembargantes, fiquei un intre no leito. Alí chegoume a memoria o vivido con aquel homiño o serán pasado e lembrei que propusenme a tarefa para hoxe de facer pesquisas sobre o individuo tal. Xantei un chisco na cociña e voteime ás ruas coma sempre levo por costume nos días de vrao.
Dediqueille as temperans horas do día o meu corpo xa que fresquiño coma o que prima nelas non se han de atopar no resto da xornada. Evitando, coma sempre, as zoas quecidas das ruas dirixinme cara o parque da Carracha logo de desfrutar da natureza na Lameda municipal. Buscaba toparme co Herminio e cas ansias de goza-la aventura de compartir outras tantas horas con él.
Mais cando tiven chegado alí non se viu rastro do home por ningures. Fun ata o banquiño onde onte estaba e o único que alí quedaba eran as lembranzas recollidas nas follas de xornal sobre as que pousara-los seus osos namentras descansaba.
“Máis do 10% da poboación de Galiza vive por baixo do umbral da pobreza”, rezaba un dos titulares nunha das follas de xornal que ainda restaban á vontade do lixeiro e feble ar que de cando en vez percorría o parque. Viume á mente o Herminio. De seguro que el se atopaba dentro dese 10%; incluso se habería de atopar entre o 2%. Acordeime tamén da xente que naqueles intres estaría a desfrutar dun bo baño na costa, un bo xantar e un repouso de deuses olímpicos e pensei canto de inxusto tiña o mundo.
Nese banquiño onde me atopaba sentiame mísero e irrisorio. Quixen negarme a min mesmo que a vida estabase a mofar duns cantos de nos pero non fun quen. O destiño estaba escrito con pingas de sangue en moitos dos epitafios que auguran o futuro unha vez tes nado e, cando finas, ese sangue ha-se secar e desaparecer non deixando sequera un pequeño rastro do teu pasamento pola vida, coma se non tiveras contado na historia, coma se non foxes diño de fixar nos catastros, coma se non foses máis que futuro esterco pra terra. Maila ter contado con amistades ó longo dos teus días, ninguna ha de terte cando morras por indispensable.
      Houbo unha vez que escoitei de boca dun famoso escritor xa finado: “Non temo á morte. É algo que fixeron moitos antes ca nos, polo tanto non hai por que lle tremer”. Unha vida fructífera, uns soños cumpridos, unhas metas alcanzadas narraban os ollos daquel escritor satisfeito dos seus días na terra. Cando tiven oido tales verbas da sua gorxa pensei que aquelo que él pretendia facer imperativo categórico tiña moito de insolente e mofante. “Non todos de nos podemos marchar desta vida co estomago tan satisfeito”, pensei que me gustaria dicirlle. Son moitos os que ó longo dos seus días non foron quen de facer realidade moitas das suas vontades, nen sequera foron quen de satisface-las suas necesidades máis primarias. Esa xente, ¿temelle á morte?; eu, que non fun quen ata agora de ver satisfeitos os meus desexos, ¿podome conformar con marchar desta vida?. “¡Agardade, deixademe rematar o que nen siquera fun quen de escomenzar!, ¡permitideme alo menos compracer ós que eu máis quero!, non me levedes ainda. Teño moito que facer.”

domingo, 15 de enero de 2012

domingo, 8 de enero de 2012

Si-mientes


“El mundo protestante es más exitoso económicamente que el católico gracias al influjo de la religión protestante en cada uno de sus individuos: amor al trabajo, honradez, ahorro y apego permitido a lo material (...) El católico es conformista y prefiere la seguridad, mientras que el protestante se atreve con el riesgo. La Iglesia católica castiga al hereje, pero es indulgente con el pecador. El protestante pone el énfasis no en la confesión, sino en la conducta. Cualquier fabricante sabe que es la falta de conciencia de los trabajadores de países como Italia uno de los obstáculos de su evolución capitalista y de todo progreso”. 

La ética protestante del Capitalismo. Max Weber. 1905

domingo, 1 de enero de 2012

Lois IX

Era xa noite pechada e eu seguía na rua. Herminio, que así era como me dixo que se chamaba o vagabundo ó que dende a media tarde seguía os pasos, andaba na procura de improvisado teito onde acurruca-lo seu corpo magro despois de ter enchido o estómago con lixo atopado por aquí e acola. Facía ainda moita calor e eu pensei que había de ser aquela noite unha morea de tebras quecidas que farían inconciliable o soño dos xustos.
Mais Herminio non se daba entre os xustos. Pra él a vida era unha eterna cadea, e as suas horas griletes ferintes en tenra carne. Buscaba leito coma se estívese facendo e recompoñendo a cama que a noite pasada esquecera ordenar e arranxar pro día seguinte. Cunha calma inusual analizaba e escudriñaba cada curruncho ou banco público coma se xa tivese grabado na mente o procedemento a tomar, as condicións a considerar e os inconvintes que farían esgotar as posibilidades dun suposto achado real. Cunha parsimonia incrible non se deixaba vencer polo soño, a pesares de terse xa vencido por él, e pacientemente aceptaba que a falla dun lugar seguro pra durmir votara protagonismo sobre o fatigamento e somnolencia.
A noite medraba e Herminio non atopaba leito. Foi entón cando optou por acudir ó lugar de sempre.
- Voume deixar de parvadas e votareime no banquiño que se encontra ó carón da igrexa da Madalena. Alí, a pedra do templo mantén as proximidades a él en fresco e podo dicir que se durme como dios. –dixo despois de ver fracasados incontables intentos de aloxamento nocturno.- ¿E ti non vas durmir? ¿Non tes casa que conteña un bo leito brando, un vaso de leite fresco e catro anxiños que montan garda pra que non esquezas espertar ó amencer?.
- Teño. Pero de seguro que me ha costar pecha-los ollos ca abafante calor que goberna hoxe. –dixenlle convencido nun primeiro intre pero non tanto unha vez tiven rematado as alegacións de por que non marchaba pra casa.
O certo é que estaba canso. Tiña o espiñazo fendido e os ollos queimados pola calor. A pel avermellada e suorosa, enflebecida pola raiación do sol, estaba a piques de me criar grunchas. Sentía gañas de vomitar e a dor extendiaseme polo corpo coma cancro. As intensas últimas horas polas ruas mancaron o meu espiritu aventureiro e decidin marchar duna vez pra casa.
- De todolos xeitos é-me de obriga marchar. –dixen con ánimo baixo, como pra darlle a entender de que estaba a sentir magoa por ter que largar- Temeran pola miña alongada ausencia no meu fogar e, se cadra, andan na miña procura a berros.
Tiven dito isto e Herminio non se esforzou en respostarme. Cando erguín a testa decateime de que xa aspiraba con inconsciencia e mantiña as pupilas en pasividade, cos ollos pechados e cegos. Quedei un intre mirando pra él.2753
Erame extraño aquel home. Non era coma os demáis mendigos que andaban a expone-lo seu corpo as incomodidades que suponían a ausencia das comodidades que os demáis humáns tiñan. Atisbabase nel un certo desexo de vivir de tal xeito, sometido á inanición, á friaxe, á calor dos ferventes vraos... Este home tiña como fogar as ruas, o medo coma amigo e a envexa coma enemiga.
Gardaba un segredo no peto e eu collin a teima de descubrir cal era. “Mañá ás primeiras lambetadas que de o sol, marcharei na sua procura de novo”, pensei mentrás tomaba o camiño de volta pra casa. “De momento hoxe hei vota-los meus osos por riba dunha superficie branda.”
Una linda mañana nueva era lo que ansiaba para mi. Un novedoso día, por estrenar. El día mas grande que la humanidad entera hubiese nunca jamas imaginado, el día en que el amor a la vida no llevase inevitablemente a la muerte del amante. Ese amador que no conoce de limites para demostrar el sentimiento poderoso, no siente pudor en dar pues sabe que recibe lo que posteriormente dona altruistamente. Un día lleno de poder, un día para mis voluntades. ¿Por qué detenerse en las libertades?. Las libertades mutilan y angustian, las libertades vetan tus voluntades. Nadie me puede impedir ser yo mismo, pero todo me lo prohibe. Me lo prohiben las libertades, la tuya , la de él, las vuestras. ¿Dónde está entonces la mia?. A aquel que frenan en el ejercicio de su voluntad le cortan el suministro de libertad. La libertad la rigen leyes: ¿dónde está puesta la libertad?. La libertad conoce los estatutos de tu libertad: ¿donde se le puede decir a alguien que posee libertad?. 
La libertad limita: yo no quiero saber de tu libertad, solo de la mia. Tu libertad no me importa. ¿te importa a ti la mia?. Quisiera hacerte daño: ¿algo te impide la venganza?. Sí, mi libertad. Pues pasa sobre ella, sobre mi, en tu derecho estas; no temas atentar contra mi libertad, pues ella no conoce de lindes, como tampoco sabe de cantidades ni de poseedores. ¿Quieres matarme?. Hazlo, estas en tu derecho, si así lo ordenan tus voluntades. Desearía arrancarte el corazón. Lo haré pues, ¿qué me lo impide?, ¿tu libertad?. Estupida palabra es libertad, pues de sentido subjetivo esta llena ella: ¿quién eres tu para decirme donde empieza y acaba tu libertad?. No la cuantifiques: demuestrame hasta donde puede llegar tu libertad, lo comprobaré yo mismo, yo mismo la mediré. Medir puedes la mia tambien si tus voluntades lo deseean. Midamos nuestras libertades, pero con hechos, ya que no de leyes estoy hablando. La mas grande de las dos se medirá con la mas grande de entre otros dos. Forcemos la lucha de libertades, basta ya de convencionalismos infundados. Dejate medir por tu voluntad. 
La voluntad más poderosa hará vencer a la libertad más suprema; el dueño de magnánimas voluntades será dueño del resto de libertades. Mas gobernará al acecho: en un instante certero nace otra grande libertad, otra nueva voluntad, mejor, más poderosa, que la vencerá. Un continuo mejorar es el verdadero camino hacía la mejor de las libertades: yo aportaré mis mejoras y aniquilaré las no dignas de mejorar, solo así pondré mis voluntades al servicio de la más grande acción del animal. El animal capaz de mejor libertad, capaz de sacudirse los grilletes de la naturaleza, el animal que se rebela contra si mismo en busca de la unidad perfecta, invulnerable, pues sus voluntades más inconfesables hoy le serán de orgullo en su mañana. El animal que no se detiene ante algo, pues cree profundamente en el poder de sus deseos hechos realidades. ¡La bestia despierta y... huye, corre, esconde tus temores, pues ella los hará desparecer por la mayor gloria del animal, ella te hará desaparecer!. Ella no temerá. No habrá miedo al castigo ya que, ¿qué será digno de castigo si se aniquilan las libertades?. ¡La bestia quiere, la bestia desea, y sus deseos no encontraran rival!. Dueña será de todo lo conocido y por conocer, ¿quién detendrá la fuerza de una voluntad?, ¿tu libertad, la suya?. ¿Y el tiempo, ese Dios que todo lo inmenso domina, será vencido por la más de las voluntades?, ¿verán los ojos de una fuerte bestia un tiempo a ella sometido?. No hay limites para mis deseos, ni quiero ponerselos, ni quiero que se los pongas, de lo contrario te pisaré; no me importará quien seas, serás un escalon mas, alguien que ayudó a mi voluntad a mejorar. Por ello te amaré y gratificaré. ¿Por qué creer en voluntades externas a nos?, no somos dignos de ser sus fieles. Pero, si nuestra fe descansa en nosotros mismos, ¿a quien debemos temer más que a nosotros mismos?. 
Sea la libertad el alimento de lo que no existe, y sean las voluntades las únicas capaces de milagros, las únicas capaces de subordinar las libertades. “Yo quiero”, este será mi Dios. Sí, yo llevaré a la practica lo que en su día dijo un inconforme hombre de mente retorcida. Una mente no comun hará de mi algo no igual entre iguales. Mis ordenes vendrán de mi, yo seré mi maestro, yo aprenderé a morir a mi modo; e iré después donde me plazca. “Yo. Yo lo haré”, digo. Impidemelo tú. Yo procuraré de ti deshacerme pues, ¿quién eres tú para impedirme las ilusiones?. Diras: “Ante mi se pondran mis derechos, mis deseos, mi libertad”. ¡Que rayos!, eso no te será suficiente motivo para detenerme. Dí: “ Ante tus ambiciones pondre yo las mias”. Eso, eso quiero, un rival digno, un escalon para ascender, un aliento para mi estima. Al estercolero los convencionalismos, las normas, leyes y demas parafernalias; entre estas la libertad. El que se halle reo de la libertad de otro no exija su liberación, exija morir. El que demanda libertad es cobardia lo que gana. Mutilame un brazo, puede que pierda algo de mi “libertad”: no podré escribir, no podré comer, no podré tocar, ni siquiera podre elevar mis maldiciones al cielo divino. Pero sí en cambio conservaré intactas mis voluntades, e incluso se agrandaran y ellas seran de más fuerza y me empujaran hacia tu muerte. Que no sean palabrerias las que me veten, sean la magnitud de mis deseos los que lo hagan.