viernes, 2 de septiembre de 2011


¡Míseros hombres! ¡Idólatras, falsas conciencias! ¡Sois la nausea del diablo, los que nacen de su esfinter, los aborrecibles! Vos, los que os aferrais al dominio eligiendoos, seleccionandoos, purgando a los comunes, a los que despachais con la mofa y la soberbia, a los que teneis por ominoso. Vos, los que con los llantos de los que padecen emitís juros buscando el rédito particular, los que comulgais con la fe, y con la fe misma excomulgais. Vos, laicos sobre todo, los que vendeis las heces como el mejor de los remedios para los que no se conforman, para que callen, para que sigan caminando y no pregunten, para erradicar de vuestros lechos el miedo que os produce una súbita explosión de su honor, el cual es el Altísimo, el que os puede punzar el saco de los oros y los tesoros que con dilatado celo vigilais desde babilónicos monstruos de acero y hormigon. Vos, los que reconvertís las morales a vuestro antojadizo interés, los que sacais la potencia mortal del átomo, los infantes y marines, los perros de acero y cadenas, a las junglas y desiertos para que devoren a los hijos de la Tierra; vos, los que apretais los botones, los que dominais las cifras y los dígitos y los sánscritos y los púlpitos cada cuatro años solares con el único afán de continuar y reproduciros como plaga. Falso es vuestro sistema, falso e injusto. Vos, los que con vuestra actitud impedís la evolución. Vos, muerte para vos.

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