jueves, 31 de mayo de 2012


- Están aquí –continuaba yo-, con nosotros. Los instantes bellos que acompañaron a dos seres que habían hipotecado sus actos voluntarios a los involuntarios, dueños estos de la razón y de nuestra naturaleza, están aquí. Me sentí rey, sentí estar almorzando con la diosa Fortuna en ti reencarnada. Bello también aparentó sernos el mundo y sus horas; remedio que acabo en enfermedad, profetas entre ambos, intentábamos competir, nuestros deseos asediaban a los del otro con el más efectivo de los ejércitos: el de las palabras. Sonaba el “Aria” de la “Suite nº 3” de Bach, alguien era cómplice de nuestra escapada extramundana...
- Eso fue bello. –continuaban mis recuerdos reavivando cenizas- Eso era la Belleza. Aquello que agarra nuestros sueños, nuestros deseos y nuestras voluntades; aquello que engendra gozo y armonía en uno, elevando la consciencia por encima de la carne, orquestándo las ideas en ordenado Allegro. Son, pues, los hechos la factoría de los sueños; son las voluntades las que los consumen y devoran y, luego, otros hechos exigen para satisfacerse, para satisfacernos. No importa el origen de la fabrica de sueños, nada tiene que ver los deseos con el objeto ya que ellos son esencia y no ser, el deseo es ambicioso, no conforme. Aquellas horas exigieron menta, música, hermosura en ti, canela y sedas entre ambos. Todo lo bello mezclado en la solución que cataron durante siglos los que moraban Edenes fue puesto a nuestro parecer, y de todo gustamos.
- Fue como una vida en un solo día- añadía ella a mis palabras como un murmullo los memorables eventos que aquella noche vivió a mi lado.
- No. Fue un largo día, tan largo como una vida. Y la vida es bella. ¿Acaso no es así?. –MIA asintió con su cabeza débilmente balanceada sobre la esbeltez de su cuello, observándome con la mirada afrutada, como el que padece el martirio de una memoria irrenunciable.- La vida no es presa de nuestro conocimiento; he aquí la Belleza de ella: su carácter envolvente y mágico, incierto y solemne, absurdo e ilógico. ¿Encuentras bella tu vida?
- No perpetuamente. Pero no sería justo negar sus embaucadores momentos de gloria- respondió convencida en su totalidad.
- Yo vivo en la feliz vida que poseo; una vida que pretendo de bella manufactura. Pero, esa mujer que me mostrabas paseando por la calle, ¿puede su belleza por los sentidos de los hombres admitida devenir en eterna hermosura?




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