Y de
los millares de millones se quedaron los cientos, y de los cientos alguna
decena siguió con vida y, tras muchos tiempos, de las numerosas docenas de
millones sobrevivieron un puñado de millones, de los que unicamente quedo un
millón, del que a su vez resistió tan solo un individuo. Y de él surgió la
nueva criatura. Nadie supo que nombre darle, porque nadie había.
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