domingo, 28 de abril de 2013

ORO



Acaso nadie reparó en que tal vez hayamos actuado estúpidamente al otorgar sin fundamento lógico una sobrevaloración al mineral oro? Se trata de un error de siglos. El oro es la primera piedra sobre la que el ser humano tropezó y tropezará repetidamente, empleándose como medio de transacciones o su equivalente, la moneda,  también como arma de incendio de maderas y conciencias, o como primera piedra de castigo arrojada sobre las grupas de los supuestos pecadores.
Icono de idólatras, los del vellocino, al oro se apela por su escasez en la naturaleza, que es la que lo ha condenado a ser codiciado por la inmensa mayoría de las civilizaciones a lo largo de los tiempos y que, sea de modo en origen (empezó a ser considerado valioso en el Antiguo Mundo –primeras civilizaciones mediterraneas y mediorientales-) o en modo impuesto (recórdemos que para los nativos americanos el oro apenas era considerado mas allá de objeto de asunto suntuario –al mismo nivel que las vasijas de terracotta para enterramientos en el Viejo Mundo-, sin apenas valía, aunque no al alcance de todos). Cabe preguntarse el porque no se le calibra de igual modo a otros fenómenos naturales que, aunque no brillan por su ausencia como el oro, sí por su misterioso origen.
Suena a fracaso que siendo una exhortación a lo más trascendente del ser humano, como es la obsesión por lo extraño y por lo ocasional, muy vinculado este ultimo al origen de los credos, se presuma luego con él y se le asigne al lado racional del hombre e incluso se le permita elucubrar encima de él -y jurando sobre él- cálculos y teorías propias de una ciencia exacta. Recurriendo al refranero popular (ciencia a veces tan exacta, pues deriva de la propia experiencia), el “si la mierda se cotizase los pobres nacerían sin culo” se asemeja mucho a lo cierto en tanto en cuanto el alto valor que se le da al oro es un valor asignado aleatoriamente desde una razón que, a poco se reflexione sobre ello, se deja por momentos seducir por la vertiente metafísica del ser humano. Es tan escaso el oro como un plato de comida caliente en épocas de miserias; porque entonces algunos humanos optarían por elegir el mineral antes que saciar una necesidad de primer orden? Y si la decisión del otro es la contraria y opta por un buen yantar caldo, porque en épocas de abundancia el metal brillante sigue siendo objeto de codicia para la inmensa mayoría?
No es acaso una frivolidad cercana al escarnio el hecho de que el mayor anhelo humano sea la acumulación de oro y, lo peor, que su prójimo lo tenga por hombre de poder?


No hay comentarios:

Publicar un comentario