miércoles, 26 de junio de 2013

Deudor en tercer grado



Cuando todo tu prójimo se convierte en deudor tu te conviertes en su único aval, es decir, un deudor de tercer grado. El primer adquiriente de la deuda es el que consigna su aceptación y disfruta del producto (que, casualmente, pierde generalmente su valor de modo progresivo desde el inicio de la contracción de su préstamo –pensemos sino en el mismo término: Préstamo, algo que una vez prestado deja de ser nuevo). Si el primer grado que contrae la deuda no hace frente a sus plazos ésta bascula al siguiente en estadio: el Estado como segundo acreedor, pues al faltarle liquidez al contribuyente la Hacienda pública no exige más de lo que los balances dan de si y, por tanto, el Estado ingresa menos, con lo que no puede acudir a pedir pasta en las subastas de deuda, pues no cuenta con unas cuentas de ingresos previstos de progreso, sino mas bien de declive, y, así, paga más por el dinero que le prestan, dinero que muchas veces tan solo está destinado a devolver intereses de deudas publicas adquiridas en el pasado con vencimientos presentes, por lo que el Estado entra en la llamada “deuda flotante”. Puesto que el Estado –en parte, y en teoría- somos todos, todos debemos en tercer grado. Esto tiene sus consecuencias: reducción de gasto social, desaceleración de las inversiones públicas (sin contar con el sambenito de siempre en España: falta de iniciativa privada que supla al Estado, complementándolo, y no convirtiéndolo en su enemigo a batir y/o eludir), devaluación inmobiliaria -y, al tiempo si no se pone remedio, también mobiliaria (si no espabilamos los carroñeros se llevarán hasta la Catedral de Santiago piedra a piedra a Texas, o peor aun: que la destruyan o profanen vengándose, por lo de Salomón, ya sabeis)- devaluación del capital humano (los altos índices de paro pueden pretenderse una maniobra premeditada: mano de obra barata). Por cierto, lanzo desde aquí un órdago a cualquier docto en leyes para que meditemos al respecto de la posibilidad de considerar esta crisis una suerte de Esclavitud, sobre la que ya habíamos considerado en el “…Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre…” de la Declaración de los Derechos Humanos.
Cuando todo tu prójimo, que es precisamente el Estado del cual además… ¡cuidao: si eres cotizante o has sido recientemente, eres pues un inversor en Estado, por lo cual si a este le va bien a ti genial, pero si le va mal…! Cuando este Estado, decía, tampoco puede hacer frente a no solo su propia deuda pública, si no también la privada (cuando una gran empresa inmobiliaria quiebra, los impuestos que pagaba por su crecimiento –rápido, muy rápido- deja de ingresarlos la caja pública, por ende los balances del Estado previstos lo convierten en deudor en segundo grado de la deuda de todos) el propio Estado
Fijaos, porque siempre hablo de deudor y apenas empleo el término acreedor. La razón es porque la diferencia entre deudor y acreedor no existe :P Yo, como contribuyente, adquiero un crédito que no consigo devolver (mala gestión, mala suerte en los negocios, me lo gaste en putas y coca… en lo que sea). En muchas ocasiones Hacienda te está exigiendo un pago por un lado y por el otro te reconoce que está en deuda contigo (primer ejemplo de la difusa línea entre deudor-acreedor). En casi todas las hipotecas concedidas en España (muchas desde Cajas de Ahorros –dinero de todos-) quien realmente te estaba prestando el dinero no era el banco. Éste solo ejercía de intermediario, con su comisión usurera, obvio; era el pequeño inversor que tras otra Caja de Ahorros había hecho un depósito a cierto plazo que a su vez entro en un paquete accionarial que fue comprado por la caja de ahorros que casualmente te concedió a ti el crédito, crédito que, vaya… a veces hasta trae la dirección del grupo matriz que opera con volúmenes ingentes de paquetes de activos que muy posiblemente paguen impuestos en paraísos, con lo que evaden sus obligaciones y, por tanto, adeudan a todos y, como no, también a mi, sí el que se lo gastó todo en putas y coca, pero mientras he tenido liquidez he cumplido como contribuyente. O eso dijo Hacienda en la época de vacas gordas (otro ejemplo de la difusa línea entre acreedor-deudor)

Mira a tu alrededor. No le debes nada a nadie. Que no te lo hagan creer asi.


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