viernes, 27 de septiembre de 2013



La razón es herramienta sine qua non nuestra meta sería inalcanzable. Pero no orillemos, sin embargo, el protagonismo del instinto a un segundo plano. El instinto nos aporta la animalidad suficiente para sobrevivir a los embites de los “perfectos”, los que se jactan de poseer el poder y lo inherente a él: sabiduría, genialidad y futuro firme. El instinto esconde el poderío. Con el arrojo impulsivo del instinto -ese que los que hoy detentan ese “poder” hacen asignarle los apelativos de “bestialidad”, “aberración”, “inhumanidad”, y otros de similar calibre- se cimienta el otro devenir, el que elevará al hombre sabio y animal sobre todas las cosas que de siempre gozaron de tacto, visibilidad y audibilidad para nosotros, aquellas que esconden la respuesta del acertijo. Izará a aquellos sobre los otros, a los hoy bajos sobre los hoy encumbrados, a los caducos sobre los eternos. Intentaremos crear del esclavo al dios. Someteremos a tormento a quién desde tiempos seculares nos somete bajo el yugo del miedo y la imposibilidad de conocer y saber más.

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