Nueva
Rumasa no es la excepción de un loco y extravante empresario de cuna. Se
presenta como el exponente de la evolución en escala reducida de tiempo (su
ocaso estripitoso) de algún sector del negocio ESPAÑOL: cuadros dirigentes empresariales con vínculos
familiares entre sí bajo la égida del fundador (que a veces ejerce la dirección
de empresa en la semi-senilidad) o de personas que se tenían por dueñas del
negocio hasta creerse el Pater , instruídos en errados valores morales y de
gestión (Opus Dei, Escuelas de Negocio próximas a las cúspides que se reparten
los poderes, Universidades extranjeras ajenas a realidades de aquí, etc),
enfangados desde su infancia en opulencias insostenibles –al final, no se
sostuvieron- si no eres rey y vives en palacio, dotados únicamente por cuatro
ruedas de veinte pulgadas para trescientos caballos y piso allí donde el antojo
germinara, que despachaban más en su mansión de la costa que en las sedes de
sus empresas (allí, con los trabajadores, codo con codo, progresando entre y
para todos), adiestrados (tanto en sus familias como en sus escuelas) por
élites tardofranquistas que les imprimieron idearios ultras, de negación y de
imposición en lugar de progreso y cooperación; esa estirpe empresarial ESPAÑOLA,
que más que empresas tenían presas (y presos), que todo lo que pudiese ir en
negro mejor (por que mis obligaciones como ciudadano me las paso por el forro;
que demonios, soy un un patricio, un Grande de España, no pago impuestos!), que
tienen o tenían (afortunadamente muchos han fracasado) la obsesa intención de
derivar plusvalías para sí, bajo la cita “Si ganas, que se vea. Y si no ganas,
pues también” en lugar de encauzarlas a la reinversión, la diversificación, la
investigación y, al fin y simplemente, al Desarrollo de todos.
Basta
observar como funcionan y rentan algunas iniciativas empresariales de dirección
externa asentadas en la península (algunas con décadas de implantación) o las
grandes compañías de aquí que progresan tras internacionalizar los negocios (al
salir afuera y conocer otros modos de gestiones y direcciones) y algunos
empresarios de la peineta y mantilla no recibirían más que miradas de cólera de
todos nosotros.
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