Que
quien juzgue no se limite a aplicar la ley o código penal y sí ejerza de
hito de conciencia, que no sea tan solo almacén de la densidad del
derecho y procure que sus sentencias tengan más de modelo de conducta
que de castigo para el delito, y que quién llegue a impartir justicia
sea el más integro entre los íntegros, el más recto de los correctos y
el más piadoso, y no tan solo la nota más alta de una promoción a
judicatura.
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