Y ahora que de aquellos lodos llegan estas aguas y que al sistema le salen canas, conviene determinar que tipo de conjuro o razzia sobre él es necesario ejecutar. Si consideramos lo excepcional del momento histórico –singularidad que, por otra parte, únicamente se la otorga la coyuntura, puesto que en lo sustancial tiene similitudes con otros hechos históricos de relevancia-, podríamos hacer bascular el cambio de la superestructura o canalizarlo a través de, entiendo, dos cauces.
El uno explosivo. El recurso al sabotaje de los tentáculos del sistema se dispone como el primero de los estadios, bien con acciones violentas acertadas, bien con sediciones, insumisiones colectivas, desacatos, huelgas, etc, hasta forzar estados de sitio y excepción y volcar al sistema a cometer errores y excesos. Éstos contradirían, como nunca en la Historia , las bases e idiosincrasia misma del sistema convirtiendolo en cuestionable. Por tentáculos de la Hidra entiendase las estructuras mas externas a su capita, las que están en contacto y acceso directo con los que tutela, los ciudadanos. Sonará crudo, pero para cercenar y extirpar el mal las rutas no serían del todo del agrado de todos.
Sería preciso subyugar algunas de las mayores conquistas y derechos alcanzados, desde el derecho a la propiedad privada hasta la suspensión sine die de algunas de las libertades. A mi modo de entender, éstas están sobredimensionadas o, como mínimo, mal entendidas, pues han sido empleados para fines espúreos, con intencionalidad y lucro, nunca como remedio para injusticias, y son el verdadero sustento del sistema de gobierno (y de producción) actual. La interpretación de propiedad y libertad no van ni mucho menos por separado, e ingenuo el que crea que el que no tiene lo propio puede ser tan libre como el que dispone. Cínicamente se ha conformado un corpus para un establishmen que solo pretendía garantizar el control y no la autentica razón de ambos supuestos: la idea de Justicia Universal. Esto, conste, ya era algo obvio para muchos, desde Marx y Engels, hasta Hobbes, pasando por Bakunin. La idea de propiedad y libertad no es más que el instrumento y la garantía del sistema y, a pesar de lo que a simple vista parece haber aportado, no es más que otra canción de cuna para la voluntad de cada uno, un muro de carga de calculada estructura que reposa sobre terreno calizo, en el cauce de las vergüenzas, y en zona de alto riesgo sísmico. Bajo el falso convencimiento de que el derecho a la propiedad es el origen del progreso se han cometido las mayores idioteces; bajo la creencia de que el Yo y sus dominios cualesquier individuo tiene al alcance la promoción y el éxito se han suprimido los derechos de sus iguales -yo tambien tengo derecho a decir, y en voz alta, que sospecho que todo es obra de los tataranietos de Sem-. Conviene pues reconstruir, y para ello previamente nos conviene la destrucción de lo hasta ahora establecido.
La variante explosiva buscaría por tanto poner en cuestión las indignas vergüenzas del sistema
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