domingo, 21 de noviembre de 2010

Y que más tiene Señor de los imposibles, lazarillo de los ciegos!
Que de importarme ha ya ser de tu confianza, participar de tu sabiduría,
si por allende los océanos empapas mi carne con el sudor de los pacientes,
si por la espinosa cadena de montañas que tu mundo posee
me paseas, golpeas, y desgarras el vientre.
Tu que tanto te jactas, y te diviertes, y te convences en los pronósticos
Tú. Tú, en tu unicidad. Tu te recreas. Nosotros padecemos. Agnósticos.

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